{"id":6661,"date":"2023-03-08T14:11:18","date_gmt":"2023-03-08T14:11:18","guid":{"rendered":"https:\/\/www.utmides.org.uy\/web\/?p=6661"},"modified":"2023-03-08T14:11:19","modified_gmt":"2023-03-08T14:11:19","slug":"la-curadora-de-heridas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.utmides.org.uy\/web\/2023\/03\/08\/la-curadora-de-heridas\/","title":{"rendered":"La curadora de heridas"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/www.utmides.org.uy\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/1-2-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6662\" srcset=\"https:\/\/www.utmides.org.uy\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/1-2-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.utmides.org.uy\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/1-2-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.utmides.org.uy\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/1-2-768x512.jpg 768w, https:\/\/www.utmides.org.uy\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/1-2.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Virginia es enfermera y hace muchos a\u00f1os que se dedica a curar heridas. Es toda una experta. Si bien desde chica la danza acompa\u00f1\u00f3 su vida a partir de su ingreso a la Escuela Nacional de Danza, en realidad ella es un latir en la edad del cielo. Un capricho del sol.&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Naci\u00f3 en Cardona, departamento de Soriano, en medio del campo y en un entorno verde \u00fanico, precioso en el que trabajaba su pap\u00e1 como pe\u00f3n rural. De ni\u00f1a jug\u00f3 con plantas, con la luna y con caballos. Era toda una jineta que cabalgaba por las praderas y ayudaba a cuidar los animales entre tanta libertad y sin horarios de grandes. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando comenz\u00f3 a faltar el trabajo, la familia se vino a Montevideo, en busca de alguna oportunidad. Y si bien no fue sencillo, de a poco las cosas se fueron acomodando. La familia se instal\u00f3 en el entorno del Parque Batlle y Virginia fue a la escuela del Estadio Centenario. Lo primero que la sorprendi\u00f3 fue ver que ac\u00e1 las y los ni\u00f1os jugaban de a muchos. Casi nunca solos. Ella que se acostumbr\u00f3 sola y de chiquita a jugar con p\u00e1jaros entre los \u00e1rboles, no entend\u00eda por qu\u00e9 ac\u00e1 casi nadie jugaba solo. Otra cosa que le llam\u00f3 la atenci\u00f3n sucedi\u00f3 cuando su mam\u00e1 la anot\u00f3 en un instituto de ingl\u00e9s. En pleno descubrimiento de la capital, de una nueva casa, del asfalto, los ruidos, los autos y las luces de la ciudad, tuvo que aprender un idioma raro. Todo era distinto que en las praderas de Soriano. \u201cPara poder vivir en Montevideo los ni\u00f1os tenemos que aprender a hablar en ingl\u00e9s\u201d, le explic\u00f3 a su abuelo cuando lo fue a visitar el verano siguiente en un inolvidable viaje en la ONDA.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pas\u00f3 la infancia, el recorrido por los liceos 8, 3 y 14, la adolescencia fugaz y muy r\u00e1pidamente lleg\u00f3 la hora de aprender a ser mam\u00e1 de Luc\u00eda, la primera de sus cuatro hijas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><img decoding=\"async\" width=\"400\" src=\"https:\/\/www.pitcnt.uy\/images\/001\/001-curadora.jpg\"><\/p>\n\n\n\n<p>Virginia fue una mujer feliz hasta que comenzaron las amenazas, a las que inicialmente, no le dio mayor trascendencia. \u201cAl principio le restaba importancia\u201d. Despu\u00e9s el tono de cada carta o mensaje fue peor. Y de a poco, el miedo comenz\u00f3 a ocupar un lugar en su vida y en la de sus hijas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que una tarde, casi de nochecita, cuando caminaba por la vereda al salir de su casa, recibi\u00f3 un empuj\u00f3n furioso, decidido, lleno de odio, que estrell\u00f3 su cabeza contra la pared. Al instante, sinti\u00f3 algo fr\u00edo en la espalda. No pudo ver qui\u00e9n estaba detr\u00e1s, pero sinti\u00f3 c\u00f3mo algo muy punzante le perforaba la espalda. Mareada, sangrando, sin entender qu\u00e9 estaba pasando, sinti\u00f3 pasos que se alejaban corriendo y un auto que se iba a toda velocidad. A los pocos segundos -que fueron eternos- logr\u00f3 llegar hasta lo de una vecina para pedir ayuda.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel ataque infame \u2013que dej\u00f3 secuelas y cicatrices- fue el corolario de varias amenazas de un var\u00f3n cargado de odio, conocedor de sus privilegios de impunidad. \u201cEn aquella \u00e9poca la violencia de g\u00e9nero no estaba visibilizada como ahora. Cuando hice la denuncia en la Comisar\u00eda de la Mujer me dijeron que volviera cuando (el violento) apareciera de nuevo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Virginia, reconstruir la vida incluy\u00f3 -entre muchas otras cosas- hasta el cambio de apellido de una de sus hijas. Y no fue sencillo superar el miedo. El miedo siempre resiste m\u00e1s de lo que imaginamos. Miedo a no saber qui\u00e9n camina detr\u00e1s en la calle, miedo a Montevideo, a la ciudad cuando est\u00e1 oscura, el natural, comprensible pero espantoso miedo a que el violento pueda volver a atacar incluso con m\u00e1s furia y a no fallar esta vez.&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al poco tiempo, Virginia y sus hijas y un nuevo compa\u00f1ero, tomaron la decisi\u00f3n de irse de Montevideo y se instalaron en un precioso espacio de la costa de Canelones. All\u00ed la vida puso las cosas en su lugar. Crecieron las flores, la casa se llen\u00f3 de canciones, de risas y de proyectos.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue que Virginia, comenz\u00f3 a trabajar como enfermera en una policl\u00ednica de ASSE de Canelones, y al mismo tiempo retom\u00f3 los estudios en un curso de registros m\u00e9dicos. Pero adem\u00e1s se inscribi\u00f3 en el liceo nocturno para terminar sexto y concurs\u00f3 y gan\u00f3 una beca para capacitarse en gesti\u00f3n cultural en la ORT, lo que le permiti\u00f3 desarrollar un proyecto educativo cultural en La Floresta, que incluy\u00f3 clases de teatro, danza y m\u00fasica, entre otras. Ella, la curadora de heridas, finalmente, pudo mitigar \u2013aunque nunca sanar totalmente- su propio dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMe duele que cuando pas\u00f3 todo aquello, mucha gente del entorno, silenci\u00f3 y hasta protegi\u00f3 al que me atac\u00f3. Mucha gente hizo una especie de pacto de silencio y hasta me dejaron de hablar. Y \u00e9l sigui\u00f3 un tiempo con su vida social y su militancia como si nada. Por eso me fui lejos. Fue una decisi\u00f3n familiar pero tambi\u00e9n una necesidad. La violencia fue m\u00faltiple, adem\u00e1s de la pu\u00f1alada y los golpes, hubo una especie de abandono de mucha gente que opt\u00f3 por mirar para otro lado. Claro que ahora las cosas cambiaron y mucho y eso lo he hablado mucho con mis hijas para que entiendan que no deben callar, que si alg\u00fan d\u00eda les toca ver o vivir una situaci\u00f3n de violencia de g\u00e9nero, que no se sientan solas porque no van a estar solas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy Virginia -a pesar de las pesadillas que de tanto en tanto vuelven a atormentar el sue\u00f1o y no la dejan en paz- es feliz. Estudia, trabaja en ASSE y en el PIT-CNT y tiene \u00abun mont\u00f3n de proyectos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Este 8M va a parar y de nochecita marchar\u00e1 levantando banderas y reclamos hist\u00f3ricos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Con sus cicatrices en la piel, siempre dispuesta a curar heridas. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Virginia es enfermera y hace muchos a\u00f1os que se dedica a curar heridas. Es toda una experta. 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