
Creyeron, conversaron, analizaron, discutieron, propusieron, a veces le erraron, no se cansaron, probaron otras vías y caminos, otras ideas, reforzaron certezas, persuadieron, fueron equipo, caminaron, mucho caminaron, hablaron, informaron, explicaron, respondieron, escucharon, abrazaron, rieron, descansaron casi nada, durmieron poco, se contagiaron, se encuarentenaron, se vacunaron y volvieron a salir. Pintaron carteles, banderas y pañuelos, repartieron volantes, embellecieron muros, lograron que las calles y paredes y la ropa y las pulseras y las cabezas y rulos y casi todo lo imaginable se pudiera pintar de rosado.
En el camino, celebraron cumpleaños, despidieron seres queridos, conocieron seres queridos, dieron ánimo, compartieron guisos, panes y esperanza, postearon desde todos los rincones de la Patria allí donde el sol y la lluvia y el viento y la militancia les llevó. Se sacaron selfies, soñaron y nos trajeron hasta acá. Porque siempre creyeron. Y son consecuentes. Porfiadamente consecuentes con la utopía.
Son las y los militantes quienes dieron una batalla épica democrática inolvidable.
Gracias compañeras, gracias compañeros.



