«Nosotros, los de abajo»

Cada día, la central telefónica del PIT-CNT recibe decenas o cientos de llamadas de diversa índole. Hay de todo. Pedidos de información, solicitudes de materiales de prensa y propaganda, consultas sobre legislación vigente en materia laboral y un enorme abanico de inquietudes. También hay llamadas que son desahogos de angustia sobre situaciones dramáticas que vive mucha gente en este país.

Por las mañana, quien atiende, escucha, explica y gestiona las consultas, es Gabriel, un trabajador de la industria, de voz grave y profunda.  

Gabriel Carballo nació en la Ciudad Vieja, en el verano del 82. Es «el del medio» de cinco hermanos de una típica familia obrera del siglo pasado. Se crió jugando al fútbol en el barrio, en picados interminables de esos que se extendían hasta que la noche y el barro anunciaban que había llegado la hora de volver a casa. Gabriel creció feliz, aprendiendo a valorar la certeza de tener siempre un plato de comida, sin que sobrara nada, pero a resguardo de penurias de las que vinieron con el posterior Uruguay neoliberal de los 90, con el feroz desprecio y descarte ideológico de los pobres y explotados. Su padre, Ismael Carballo, obrero de la Compañía del Gas, formó parte del sindicato y transmitió valores de lucha colectiva. Su madre, Elena Corbo, «ama de casa», trabajadora sin remuneración, mujer batalladora.

Gabriel de joven recaló con su barra de amigos en una esquina del barrio Nuevo París que tenía una vieja parada de taxis. Allí supo de Marx y Lenin y lucha de clases, descubrió historias, ideas y posturas de filósofos, pensadores, y también de revoluciones y anarquismo. Todo en la esquina del barrio. Después llegaron los primeros trabajos informales en cuadrillas de carga y descarga de contenedores y posteriormente, el empleo formal en la industria del cuero; su mundo que sería el del joven obrero curtidor, orgullo para el barrio y para la familia. Ya encaminado como trabajador militante sindical de base –»siempre de abajo»-, llegó con sus banderas a casa, ya convencido y con historias que comenzaban a ser propias. Aprendió a fumar «puchos» a escondidas en su cuarto, tomados de la caja de cigarros que su tío abuelo Juan Manuel le dejaba oculta pero no tanto -en realidad bastante visible al lado de la cama- con complicidad sin filtro. La vida de Gabriel transitó siempre entre calles, barrio y esquina, fábrica y galpón, con nombres propios y ajenos que recorrieron Frimaral, Luis Batlle Berres, la canchita del Cadorna, las comidas en el sindicato del gas –en mesas compartidas con Luis Puig y el «Pata» Beltrán- cuando la compañía sufrió el intento privatizador y don Ismael junto a decenas de trabajadores fueron enviados al Seguro de Paro. Pero la vida de Gabriel también es el amor ausente por su hermano Sebastián, el que falta físicamente pero el alma abraza todo el tiempo.

Hoy Gabriel es papá de Guillermina (12) y Germán (7). Ella preadolescente «de esta época», adora el anime japonés y de grande quiere ser profesora. «Y Germán es un todo terreno, fatal, un indio, es como verme yo de niño 30 años atrás pero ahora en versión siglo XXI».

Dice que la vida es un aprendizaje diario y que cuando conoció a Alicia, su compañera de vida y madre de Guille y Germán, comprendió que el camino es mejor si se construye con pequeños pasos de logros cotidianos. Alicia es maestra en un centro de capacitación integral para niños, niñas y jóvenes con discapacidad intelectual. Da la vida por esos niños y niñas que a ella le enseñan tantas cosas. Gabriel, el hombre de aspecto duro, de voz grave y profunda, con brazos de carga y oficio de curtidor, se emociona al hablar de su compañera. Y por un instante, queda en silencio. Después vuelve a ponerse en tono firme y serio y duro y sigue hablando con la voz grave que prueba los micrófonos y el audio antes de las conferencias de prensa y los actos protocolares en la sede del PIT-CNT. Además, atiende el teléfono en el turno de la mañana, organiza y distribuye paquetes y materiales que vienen y van semanalmente en la vida del movimiento sindical. También colabora con las redes de la Confederación de Sindicatos Industriales (CSI) y acompaña con su presencia todas y cada una de las actividades del PIT-CNT.

El dice que simplemente es «uno de nosotros, los de abajo».

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