
Los femicidios no cesan. Las cifras -frías- nunca revelan la verdadera magnitud de una tragedia que evidencia las fallas del Estado. Un dato devastador de la realidad que vivimos como sociedad revela que además de descargar toda la furia y violencia machista hacia la mujer, algunos hombres asesinan a sus propios hijos o los de sus ex parejas, como forma de «castigo» extremo hacia ellas. En ocasiones, luego se autoeliminan o lo intentan, aunque no siempre lo logran. Al parecer, no son tan certeros con sus propias vidas a la hora de arrebatar las de sus víctimas.
Cada caso impacta y duele y genera cierta conmoción en la sociedad. Con mayor o menor información previa de lo que se van a encontrar en el lugar de los hechos, las y los trabajadores de la Policía son quienes casi siempre llegan en primera instancia a atender el pedido de auxilio de familiares o vecinos de las víctimas.
«Somos quienes estamos en la primera línea y llegamos a los lugares a encontrarnos con situaciones realmente muy duras», explicó Patricia Rodríguez, presidenta del Sindicato de Funcionarios Policiales de Montevideo – Uruguay (SIFPOM). Desde su visión, es urgente que se trabaje de manera más profunda y con sumo cuidado, la salud mental de las y los policías. «La preparación que tiene el funcionario policial es muy básica, es de cuatro o cinco meses, se puede salir de la Escuela y encontrarse con una escena dramática, como es la de la violencia intrafamiliar, por lo que va a tener que lidiar en un caso así, como si ya tuviera varios años de servicio. Son situaciones que tiene el funcionario policial en su cotidianidad y que lo enfrentan con la violencia, es la primera persona que llega al lugar, por ende es la primera persona que asiste a la víctima si se encuentra con vida o que se encuentra con una escena catastrófica, como lo es encontrar a un niño o a una persona asesinada».
Rodríguez explicó al Portal del PIT-CNT que las situaciones de extrema violencia familiar y particularmente, los femicidios e infanticidios, afectan de manera muy clara a las y los funcionarios que están actuando en el marco de un día cotidiano de trabajo. «El Policía cuando se enfrenta a estas situaciones dramáticas y de extrema violencia, no deja de ser un ser humano, ni deja de tener los sentimientos que puede tener cualquier otro trabajador. Por esta razón, venimos peleando hace mucho en la necesidad de que se aborde la salud mental de los trabajadores policiales de una manera integral y acorde a la tarea que se desarrolla. Se debe pensar que estas situaciones adversas y de violencia van haciendo mella en el funcionario policial. Ninguna persona, por más que sea bombero o policía, está preparado para enfrentarse al cuerpo de un suicida, a una persona que lleva días muerta y se encuentra en un estado de putrefacción. Son todas situaciones que se deben enfrentar y creemos que la función no se ha enfocado en la parte humana del trabajador. Se entiende que estas situaciones se deben enfrentar porque ese es el rol del policía y se lo da como un asunto laudado. No se piensa en el factor humano de ese trabajador policía».
Rodríguez recordó que desde el sindicato «hace tiempo que presentamos un proyecto de salud mental y abordaje a nivel preventivo, donde se establece que si un funcionario tiene que acudir a trabajar en un accidente de tránsito y por ejemplo, tiene que intervenir frente a un caso donde hubo un niño muerto, el proyecto establece que el funcionario no tenga que volver al turno ese día como si nada hubiese pasado. Hoy día sí tiene que seguir trabajando. Por eso sostenemos que se debe tener un abordaje real a la situación. Una situación que no es normal, por más que la viva un policía», señaló. «Es que hay situaciones que sacuden a cualquier ser humano», remarcó.
Suicidios de compañeros
Si bien dentro del Ministerio del Interior (MI), existe el Departamento de Salud Mental que está conformado por la Unidad de Estrés, el Servicio de Psiquiatría y el Servicio de Psicología, según el sindicato, aún no se ha logrado una atención integral que cubra las expectativas. Además del impacto devastador que implica encontrarse los cuerpos de las víctimas de femicidios e infanticidios, Rodríguez señaló lo terrible que representa el suicidio de un trabajador o trabajadora de la Policía, que en ocasiones, incluso se concretan frente a sus propios compañeros y compañeras de trabajo. «Cuando se suicida un compañero en el turno es un sacudón enorme y son cosas que pasan. Muchas veces un policía se suicida delante de otro compañero lo que evidentemente representa una situación muy tensa para los compañeros de trabajo. Cuando la persona da algunas pocas señales o tal vez ninguna y toma la decisión, la unidad especializada no siempre se llega a tiempo. Y ahí debe intervenir el sindicato para que se atienda no solo a la familia, sino también los compañeros de trabajo que tienen esa vivencia. Nuestro proyecto, más que nada se enfoca en lo que no existe ahora y es la prevención. El ministro Luis Alberto Heber hace poco salía horrorizado de las cifras de certificación que existen en la Policía ya que había más de cuatro mil policías certificados. Si se tiene en cuenta ese número así dicho fríamente, alguien puede entender que es un disparate, que los policías ‘están de vivos’ y ‘no quieren trabajar’. Pero si no sólo nos fijamos en las cifras, sino en la causalidad de esa cifra, se verá, por ejemplo, que el 18% de los casos tienen que ver con enfermedades psíquicas que adquieren los compañeros dentro de la función. Son personas que ingresan sanas y que la función les termina enfermando. En algunos casos pasan años en las juntas médicas para llegar a un tratamiento para recuperar al trabajador y que pueda volver al servicio. Muchos de ellos ya no pueden recuperarse y se deben jubilar por discapacidad. Lo que deja en evidencia lo grave que son las enfermedades psíquicas en los funcionarios policiales. En este marco están todos los intentos de suicidios, que son muchísimos y suicidios también. Muchas veces el compañero va al hospital cuando ya está desbordado y sale con el pase a un psicólogo para después de dos meses, por lo que claramente no se está acompañando la realidad del trabajador policial. Si un trabajador de la Policía concurre desbordado, debería tener un abordaje de forma inmediata porque es su salud mental la que está en juego».
Balas y secuelas
Según explicó la presidenta del SIFPOM, los casos que pasan a ser considerados por la Junta Médica son lo que se podrían llamar «accidentes laborales», que suceden por haber recibido -por ejemplo- algún disparo en un procedimiento que deja secuelas temporarias o permanentes. «Muchos compañeros quedan en sillas de ruedas o mutilados». También existen casos vinculados con violencia doméstica, de género o intrafamiliar, cuando el Policía debe realizar un ‘tratamiento’ para obtener el alta. Estos casos, también inciden en las estadísticas de licencias médicas que tanto preocupan a algunas jerarquías del gobierno, a la hora de hablar de certificaciones. «Seguramente debe existir gente que utilice mal la certificación, como pasa en todos los ámbitos laborales y profesiones, pero la propia tarea del funcionario genera muchas certificaciones y por otra parte, se debe tener en cuenta que quien se certifica recibe un 65% de su salario. Con más de 60 días de certificación se pasa al Subsidio Transitorio de Incapacidad Parcial (STIP), gana menos y no puede hacer el servicio 222. Esta es otra cosa que estamos peleando, ya que si se tiene una enfermedad psíquica y encima tienes que sufrir una presión económica porque te descuentan el salario, a tu problema psíquico, se le agrega un problema económico que deriva en otros problemas familiares».
Rodríguez apuntó que como parte de la complejidad de la problemática, también se debe mencionar que algunos policías fueron asesinados mientras estaban custodiando a mujeres que sufren violencia doméstica. «Toda esa violencia se vive muy de adentro. Si la ciudadanía piensa que la seguridad pasa por la Policía, como sindicato decimos que eso es un grave error. En realidad nosotros actuamos cuando el sistema falla, cuando todo lo demás falló, ahí llega la policía. Cuando las políticas de género fallan llega un funcionario al asesinato de un niño, de una mujer. Cuando eso pasa es porque la contención de esa mujer, en la justicia o en donde sea, ha fallado. Cuando la violencia que tenemos hoy se va agudizando, cuando los homicidios están subiendo en cifras, esto no solo pasa por la Policía, pasa por la educación, por las diferentes redes de contención que tiene una sociedad para fortalecer los valores, por las ONG, y más. Para nosotros tiene que existir un acuerdo de Estado, que la seguridad fuera en clave de Estado y no en clave de Policía. Creemos que pasa por algo integral, donde todos los actores se sienten alrededor de una mesa para trabajar en una solución. Lo que sucede es que la seguridad pública siempre es un tomada como un botín político. ¿Quién está dispuesto a ceder ese bastión? Se debe pensar la seguridad más allá de una clave de votos, en clave de usarla políticamente. Lo que a nuestro entender sería necesario es que se comprenda que la sociedad toda necesita que este sea un tema de Estado, que abarque a todos. De esto se sale si trabajamos juntos. A todos nos puede pasar una situación de índole delictiva, nuestros hijos o nuestros familiares puede verse afectados por un drama doloroso, y por eso también la solución debe traspasar todas esas banderas políticas y partidarias. Si realmente queremos mejorar esta situación debemos trabajar entre todos. En caso contrario quedaremos en el medio de a quienes les sirve tirar piedras de un lado o del otro».
Cárceles
La dirigente del SIFPOM, aseguró al Portal sindical que «las cárceles de nuestro país son un reflejo de lo que sucede afuera, en lo que se refiere a la seguridad pública. Esto es algo que no lo hemos entendido como sociedad. Se entiende que cuando una persona cuando vive un hecho aberrante, como ser el asesinato de un familiar, de un amigo, de un compañero, uno quiere que el delincuente este en la cárcel y que se tire la llave para que no salga nunca más. Lo cierto que la lleve no se tira y en algún momento esa persona saldrá de la cárcel. Por lo que se tiene que ver algo sobre lo cual no trabaja nadie porque no da votos, no da réditos políticos y es el sistema carcelario del Uruguay. Si tenemos unas cárceles con personas hacinadas, que tienden a estar en condiciones degradantes, tanto para los internos como para los funcionarios policiales que trabajan en ellas; si vemos el crecimiento del narcotráfico como incide adentro y luego en el afuera, tenemos que trabajar en el tema adentro. Si nosotros no trabajos adentro de las cárceles, no le damos dignidad a los trabajadores policiales que trabajan allí y condiciones de rehabilitación a los internos, estos fenómenos se van a acrecentar. Si bien es muy viejo este dicho, lo cierto es que las cárceles se vuelven escuelas para profesionalizar el delito y no en la rehabilitación para lo cual fueron creadas. En este marco es imprescindible trabajar también el sistema carcelario, porque lo que pasa adentro se refleja afuera en nuestra sociedad. Esto no lo dice el sindicato, lo dicen los técnicos que se dedican a ver la evolución del delito y la violencia, antropólogos que estudian lo que son los cambios en nuestra sociedad. En el mundo, las cárceles que están mejor, las que cumplen con su función de rehabilitación, logran que eso se note también en la sociedad. Ese es el desafío a atender», concluyó.