
Cada tanto y a pesar de la vorágine informativa que marca el escenario nacional, en materia sindical o con temas relacionados a la economía, el trabajo, los DDHH, la cultura, el medio ambiente y tantos otros, nos detenemos un instante a contarles asuntos que refieren a compañeras y compañeros de nuestra casa. Acá en la calle Jackson 1283, también suceden cosas que son pequeñas en relación a los asuntos generales del país y del movimiento sindical todo, pero que tienen la carga afectiva y humana que nos involucra. En este caso, se trata de una gran noticia, ya que nuestro compañero Federico Cicero, acaba de consagrarse Campeón del Mundo en Karate, en la Categoría Kyu B, mayores de 40 años, en el 4to Torneo Mundial de Artes Marciales, organizado por la Asociación Sudamericana de Artes Marciales (ASAM). La ASAM hace algunos años decidió mantener su nombre y no modificarlo a pesar que se ha transformado en una organización mundial de todos los estilos de artes marciales.
El torneo mundial que se realizó en Paraguay el pasado fin de semana tuvo como sede central el espacio polideportivo SDN Arena, contó con más de 800 competidores de 25 países.
Nuestro campeón viajó con su familia, ya que sus dos hijos -Catalina (13 años) y Guillermo (10 años) también compitieron en el torneo, y su compañera, María Iris Perdomo que fue quien contuvo la emoción en cada una de las competencias de sus hijos y su compañero. Federico y sus dos hijos trajeron medallas para Uruguay, y fueron parte de una delegación que contó con 28 personas -10 artistas marciales de 5 a 68 años- y el resto familiares que viajaron a acompañar, todos en el mismo ómnibus para estar en el mundial. Los participantes compatriotas obtuvieron 12 medallas en su totalidad, la mayoría de ellas de oro.
Federico Cicero, el militante de la UNTMRA, el integrante del equipo de Organización del PIT-CNT, el compañero cálido, de perfil bajo, de gran sentido del humor, solidario de los que siempre está cuando alguien necesita algo, reconoció que vivir esa experiencia fue un momento de muchísima emoción. «Cuando escuché en los parlantes que el campeón mundial en mi categoría era yo fue imponente. Eso de subirte al podio con la bandera uruguaya, ver a tus hijos ahí que también estaban disfrutando y ver a mi compañera, fue todo muy imponente, muy emocionante».
El retorno a Uruguay implicó un viaje de 23 horas agotadoras, dormir mal, comer peor, y descansar casi nada.
Pero la alegría y la satisfacción de la consagración lo pudo todo. «Valió la pena, me siento muy agradecido y feliz», nos contó.
¡Salud campeón del mundo!
¡Salud querido Federico!


