“El Socialismo en el Penal de Punta Carretas”, de Alberto Silva, memoria, solidaridad y unidad en los peores tiempos

“El socialismo en el Penal de Punta Carretas”, el más reciente libro del escritor y periodista Alberto Silva, narra la poco conocida práctica del socialismo dentro de este centro de reclusión durante la dictadura cívico-militar en Uruguay. Los presos, a través de gestos solidarios como compartir alimentos o pasta de dientes, ponían en práctica una forma inédita de convivencia basada en principios socialistas, algo sin precedentes a nivel mundial. Esta obra representa un valioso aporte a la memoria colectiva del país, rescatando historias que reflejan resistencia y humanidad en un contexto de opresión.

Cuando la dictadura cívico-militar comenzó el 27 de junio de 1973, un grupo de presos políticos encarcelados en el penal de Punta Carretas decidió organizarse. Basándose en la acumulación de vivencias previas y actuando de manera colectiva, lograron construir una experiencia de contracultura que sembró “ilusiones, solidaridad y fraternidad”, probablemente única en el mundo. Con ironía, inicialmente la llamaron ESMACO, para luego consolidarla como OPP, resignificando estas siglas para reflejar la creación de un “estado paralelo”. Este “estado” era sostenido por quienes, desde el encierro, hacían posible lo que parecía impensable, se expresa en la reseña del libro.

En diálogo con el Portal del PIT-CNT, el escritor y periodista Alberto Silva, autor de “El socialismo en el Penal de Punta Carretas”, relató que durante una de las numerosas reuniones que sostuvo con integrantes de Crysol -la agrupación de ex presos y presas políticas de Uruguay-, surgió la invitación para escribir una historia sobre el penal. En ese contexto, estaban trabajando en la construcción de un memorial frente al actual shopping de Punta Carretas, y consideraron que Silva, con su amplia trayectoria en la investigación sobre derechos humanos, era la persona indicada para llevar adelante este proyecto.

“Fui a Crysol con mucho gusto, pero les comenté que ya había mucho escrito sobre el Penal de Punta Carretas y no me veía involucrado en esa historia”, relató Silva. Sin embargo, cuando comenzaron a contarle algunas de las situaciones que luego incluyó en el libro, quedó completamente asombrado. “Entonces, no pude evitar preguntarme, en voz alta y frente a ellos: ¿Por qué no me enteré de todo esto antes?”.

“Yo, que tanto he trabajado con estos temas, ¿cómo podía no saber de esto? ¿Y por qué nunca me lo habían contado?”, reflexionó Silva. En ese momento, decidió que quería narrar esta historia. “Ustedes vivieron el socialismo de manera práctica, lo hicieron realidad, y eso es algo que merece ser contado. Siempre he sostenido, tanto en lo colectivo como en lo personal, que en los peores momentos suele surgir lo mejor de las personas, y ustedes son la prueba viviente de ello. En medio del peor escenario, cuando comenzó el golpe de Estado en junio de 1973, ustedes emprendieron esta construcción profundamente luminosa que, hasta donde sé, es única en el mundo. Fue entonces cuando surgió la idea del libro y decidí empezar a escribirlo”.

El libro explora lo que, en términos generales, muchas personas creen que es el socialismo sin haber profundizado en su significado: compartir de manera horizontal. Sin embargo, el socialismo, ya sea como utopía o como ideal, suele construirse en un contexto de hombres libres. “Lo extraordinario aquí es que esta experiencia luminosa se llevó a cabo en condiciones de encierro, en un penal, y en las peores circunstancias”.

En el Penal de Punta Carretas, en ese momento, “ya no estaban figuras emblemáticas de la izquierda como Jaime Pérez o Raúl Sendic. No había grandes dirigentes presentes; en cambio, la mayoría eran jóvenes de 19, 21 o 24 años, profundamente golpeados por la crueldad de las torturas que habían sufrido antes de llegar allí, una realidad mucho más dura que la enfrentada por los primeros presos políticos en ese lugar. Y, aun así, lograron construir esta experiencia única y esperanzadora”.

En ese contexto, y justo cuando comenzaba la Huelga General de 1973 como respuesta al inicio de la dictadura, a Silva le pareció increíble la conjunción de elementos que se dio. “No sólo acogían y apoyaban a quienes llegaban brutalmente golpeados, sino que se dedicaron a construir algo que, en esas condiciones, parecía casi imposible. La convivencia entre dos personas ya puede ser difícil, pero ellos lograron convivir y organizarse siendo 120 o 180 presos, de distintas edades y con formaciones económicas, políticas, sociales, culturales y religiosas muy diversas. Era casi una quimera”.

Asegura que lo más impresionante fue que no sólo lograron empezar, sino que avanzaron paso a paso, construyendo algo que iba mucho más allá de su situación inmediata. “Me pareció una señal extraordinaria, algo que debía transmitirse. A veces siento que estamos atravesando un periodo histórico algo apagado, con una especie de paleta gris. Saber que, en este país, un grupo de personas, en las peores circunstancias imaginables, fue capaz de construir algo tan vibrante y esperanzador, es una lección inmensa”.

“Si ellos pudieron lograr eso en esas condiciones, ¿cómo es posible que nosotros, en un entorno más favorable, no soñemos, no pensemos ni trabajemos con más fuerza por un mundo mejor?”, planteó el reconocido autor y periodista.

Desde la mermelada a la pascualina

Silva explicó que, como bien se dice, “todo tiene que ver con todo” y en el penal, los presos compartían desde la mermelada hasta la tarta pascualina que preparaba la mamá de Quinto Lucas, alimentos que llegaban a la prisión mucho antes de 1974. “En el libro incluyo no sólo los testimonios de los presos, sino también los de Luis Julien y Quinto Lucas, quienes, cuando eran niños, visitaban a sus hermanos mayores encarcelados. Esos hermanos mayores son figuras que nos acompañan y permanecen en la memoria, especialmente cada 20 de Mayo, cuando se conmemora la Marcha del Silencio En ambos casos, sus hijos fueron víctimas del botín de guerra: unos hermanitos fueron abandonados en Chile y otra pequeña vivió una situación profundamente cruel a manos de un militar represor”, relató Silva.

“¿Por qué sumé estos relatos? Porque esa pascualina, la que hacía la mamá del hermano mayor de Quinto Lucas, simboliza una conexión profunda con lo que ocurrió después, en 1974. Aunque Luis Julien y Quinto Lucas ya no estaban en el penal en ese momento, su vivencia y la tradición de compartir los alimentos que llegaban desde sus familias trascendieron el tiempo. Esa solidaridad también llegó, de una forma u otra, a quienes cayeron en prisión posteriormente”.

“Por eso hablo de la Huelga General, para que se entienda que quienes estaban en el penal en 1974 no eran unos iluminados que, de repente, decidieron cambiarlo todo, como si lo anterior hubiera sido un error. No fue así. De la misma manera, la Huelga General no surgió porque un grupo de dirigentes gremiales, de un día para otro, dijo: ‘Vamos a ocupar las fábricas’. No, venía de mucho antes: del año 1959, del golpe de Estado en Brasil, de la creación de una única Convención Nacional de Trabajadores (CNT), un hecho casi único en el mundo hasta el día de hoy. Esa unidad fue posible porque hubo grandeza para entender que sumar las distintas corrientes ideológicas y pensamientos en la diversidad era mucho mejor que actuar de forma aislada”, expresó.

Agregó que lo mismo sucedió en el penal. Esta experiencia no surgió de la nada, sino de un proceso. “En plena huelga de hambre de 1973 ya se estaba gestando algo, y lo que se construyó después fue el resultado de ir acumulando vivencias, consciente o inconscientemente, dentro de la prisión. Todo esto es importante para entender cómo se dio esta historia: no fue un hecho aislado, sino una construcción colectiva que tomó forma a partir de experiencias previas y de un aprendizaje constante”.

“Creo que hay una combinación de elementos: por un lado, está la ironía, y por otro, quizás de manera consciente o inconsciente, la creación de un poder paralelo. Cuando uno escucha ‘OPP’ (Oficina de Planeamiento y Presupuesto), suele asociarlo con personas muy estudiadas, importantes, bien vestidas, tomando decisiones en el gobierno. Pero esta OPP era otra cosa: un gobierno paralelo dentro de la prisión”, comparó.

Remarcó, asimismo, que en cierto sentido, tenía similitudes con la planificación que realiza la OPP del gobierno, porque “ellos también planificaron y organizaron su propio sistema de gobierno, aunque dentro de las enormes limitaciones de la cárcel”. Sin embargo, lo que lograron construir en esas condiciones, con recursos mínimos y bajo una opresión constante, “fue mucho más significativo que lo que a veces logran los integrantes de la OPP en los gobiernos oficiales”.

Otro aspecto que el autor menciona en su libro es la conocida historia de amor entre un recluso común y una vecina del barrio Punta Carretas, que vivía frente a la cárcel. “Esa historia, aunque es conocida, quise enmarcarla dentro de un contexto más amplio, por eso la incluí de manera breve. Este hombre, que no era uruguayo, comenzó siendo un preso común, pero luego se convirtió en un preso político. Terminó jugando un papel fundamental en todo lo que ocurrió allí en 1974 y más allá”. Varios de los entrevistados destacaron el rol humano que tuvo esta persona.

Aunque se conoce el romance tan especial que nació entre rejas, con una vecina del frente, Silva consideró importante también resaltar su otra faceta. Cuando mencionan su nombre, es crucial entender el rol que jugó. “Uno puede haber cometido errores en su juventud, pero también tiene la capacidad de cambiar, convertirse en una persona más sabia, como fue su caso. Lo que me impactó mucho es que, cuando alguien se desmoronaba, él era el primero en ponerse a caminar junto a esa persona, sin darle tregua hasta que la situación mejorara. Además, fue él quien organizó los campeonatos deportivos en el penal, no por grupos políticos ni por celdas, sino por pisos, de una manera totalmente diferente”.

“Parece que era una persona muy especial, que también influyó de manera significativa en la construcción de ese socialismo dentro del penal”, remarca el autor.

Socialismo en rojo

“Además, me gustó usar la palabra socialismo, especialmente en estos tiempos en los que tantos términos han sido devaluados, algunos por el abuso y el uso excesivo, y otros porque la derecha ha impuesto su agenda. Por eso, en el libro decidí escribir socialismo en rojo, como una manera de reivindicar ese término que, por mucho tiempo, se usó de forma despectiva, como los ‘rojitos’. Y sí, en efecto, todos ellos eran ‘rojitos’, incluso alguien como el recluso que se enamora de la vecina, un argentino que entró a Uruguay en la década de los 60, formando parte de una de las bandas de delincuentes comunes más importantes de la época. Luego, se convirtió en militante de izquierda, fue parte del colectivo del 74 y, además, vivió una historia de amor increíble”, resalta.

Todo esto, igual que lo ocurrido en 1974, muestra la complejidad de esta historia, una historia que no nació de la casualidad ni de la generación espontánea. “No sé si en otras partes del mundo ha existido algo parecido: una pareja que se formó a través de la ventana de una cárcel y que, tras años de espera, logró concretarse. Lo menciono ahora en voz alta porque, al pensarlo, me parece una historia única”.

El libro intenta sumar, además, distintos elementos. Incluye la estupenda foto de Aldo Novik, que el autor colocó al principio del listado de todos los que pasaron por la prisión. Además, el recuadro con ese listado no es sólo una construcción de memoria, sino también un homenaje. “También quise que la presentación del libro se hiciera en la mesa memorial, justo en la entrada del shopping de Punta Carretas. No fue casualidad que lo quisiéramos presentar allí; para nosotros, fue un símbolo”.

“Logramos algo increíble: más de 300 personas asistieron al evento. Ver a la guardia vieja de Falta y Resto salir cantando del interior del shopping, de lo que antes era la cárcel, y encontrarse con otros muchachos grandes que también cantaban murga, fue un momento histórico. No fue sólo una celebración, sino una reunión de almas, construyendo historia. Incluso hicimos un brindis popular, que fue algo muy simbólico. Cuando alguien me preguntó si iba a traer vino, me dijeron: ‘¡Alberto, ¿cómo vas a hacer esto?, ¿con vasos?’ Y logramos conseguir vasitos reciclados y ecológicos. Lo mejor de todo es que no hubo ningún incidente, y esa conjunción, ese ambiente tan especial, creo que también tiene que ver con lo vivido dentro de la prisión. No fue casual que mi querido amigo Carlos Alberto Rodríguez viniera a cantar ‘Amigos del Alma’, porque esa amistad, ese sentimiento de hermandad, se forjó en el alma de aquellos que estuvieron allí. Ellos lo construyeron en lo peor de la adversidad, y, de alguna forma, eso les permitió sacar lo mejor de sí mismos. Muchos consideran que esa fue la verdadera escuela de su vida”, confía Alberto Silva durante la conversación con este portal.

Por otro lado, Silva destacó que en el ex penal ocurrieron muchos sucesos, algunos sorprendentes. “Es curioso cómo el apellido Sanguinetti está vinculado tanto al nacimiento como al cierre del penal. También pasó que un diputado del Partido Colorado, Antonio Marchesano, fue ministro del Interior en su momento, y después de que cerraron la prisión se convirtió en accionista del shopping.Y luego administrador del lugar durante 14 o 15 años. Por ese lugar, también pasó la famosa fuga de los anarquistas hacia la carbonería. Yo, como casi todos, conocía esa historia, pero cuando me sumergí en el libro, me referí brevemente a esa fuga y me quedé pensando: esos anarquistas que llegaron desde Argentina estuvieron un año viviendo frente a la cárcel para construir el túnel. Fue allí donde ocurrió esa fuga, y también estuvo ‘El abuso’ que alcanzó a entrar en el récord Guinness”.

Pero más allá de esas historias y eventos, lo que el autor quiere resaltar es que muchas cosas ocurrieron en ese lugar. “Todo lo que pasó allí, lo que se vivió, no puede ser borrado por el consumismo ni por lo que hoy representa el shopping. Ese recinto, cargado de historia y recuerdos, es mucho más que un centro comercial; fue un lugar que vivió y albergó la memoria de un periodo complejo y significativo para el país”.

Una vieja tapa troquelada

Por otro lado, Silva se refirió al diseño de la tapa del libro, en el que fue un activo partícipe. “Sabés, eso era un sueño que tenía, siempre quise que el libro tuviera una tapa troquelada. Cuando era adolescente, llegó a mis manos un libro de poesía con una tapa troquelada, que además era de poesía comprometida, y me causó una sensación tan especial. Pensé: ¡Qué lindo! Qué cosa tan única. Desde ese momento, me quedó esa sensación y esa idea. Cuando estaba trabajando en este libro, no era mi idea inicial usar la puerta, aunque sí quería incluir la mesa en la tapa. Pero al final, fue Gustavo Cabrera, quien escribió el prólogo y también estuvo preso, el que sugirió que usáramos la puerta de una de las celdas. Conseguimos una foto de esa puerta y, a partir de ahí, decidí que tenía que troquelar el lugar por donde pasaban los alimentos”.

Lo que aparece a través de ese troquel es un puño, que es otro símbolo de la izquierda. “Sin embargo, si uno lee el libro, ese puño no está para golpear a nadie. Ese puño está para transmitir que la unión de todos genera una fuerza que, por separado, no tendrían”. Detrás de esa puerta de celda, había una unidad en la diversidad, una unidad impresionante, que salía de esa puerta, salía de esa cárcel. “Esa fue la idea que intenté transmitir, humildemente, a través de la portada”, aseguró.

Un listado ¿completo?

Otro aspecto que llama la atención en el libro es que, en la lista de todos los detenidos, uno de los nombres aparece tachado aunque de tal manera que aún es legible: el de Héctor Amodio Pérez. “Los presos tuvieron una gran discusión cuando hicieron el memorial y decidieron que todos los que pasaron por la cárcel deberían estar representados en la mesa. Yo, por supuesto, quise respetar eso, pero también quise dejar mi impronta”.

“Para mí, en este país hay dos símbolos de lo peor de Uruguay. Uno es José Nino Gavazzo. Muchos torturaron, muchos violaron, muchos asesinaron, pero Gavazzo resume el núcleo despreciable de todo esto. Y, aunque muchos no lo hicieron, algunos pocos se quebraron, algunos hasta se vendieron. Insisto, pocos, pero uno que resume lo peor de todo esto es Amodio Pérez. A veces en la vida no hay casualidades. Cuando me enteré de que Amodio Pérez había contado que conoció a Gavazzo de adolescente, que fueron amigos en su juventud, me quedé helado. Desconocía ese dato. Después, él mismo contó que fue a la casa de Gavazzo, poco antes de su muerte, y tuvo varias entrevistas con él. Me parece increíble que esos dos símbolos-desde mi humilde punto de vista, los peores de Uruguay- estuvieran tan unidos”, expresó.“Por eso, quise que su nombre, aunque figurara en la lista, fuera tratado de manera diferente. No podía dejar que estuviera en el mismo plano de igualdad que el resto de los presos que vivieron y lucharon por el socialismo en el Penal de Punta Carretas. Respeté la decisión de Crysol, de que todos estuvieran en la lista, pero a su nombre lo cubrí con una brocha, como señalando que no tiene nada que ver con lo que ocurrió en ese penal. Insisto y remarco, este listado en el libro, que está destacado con la foto de Aldo Novik de la mesa memorial, es construcción de memoria y también homenaje. Y Amodio no podía estar en pie de igualdad con el resto”, remarcó el autor.

Aporte a la memoria colectiva

Por su parte, Gustavo Cabrera “El Garza” expresa en el prólogo del libro que entre 1968 y 1979 dentro del Penal no hubo “medios de producción expropiados a la burguesía, ni se instaló la dictadura del proletariado”, pero “sí se llevó adelante con total éxito una forma sofisticada de organización que aseguraba a cada cual lo mínimo en lo referente a insumos, y también, en el mismo plano de importancia, se generaron instancias constantes de contención en el relacionamiento humano que merece ser conocido y que, sin dudas, Alberto refleja convirtiéndolas en un aporte valiosísimo a la memoria colectiva de nuestro país”.

Como se observará a lo largo del libro, fue un proceso con marchas y contramarchas. “Hubo algunos compañeros que no se plegaron, por ejemplo, a la ‘centralización de alimentos’, pero no por ello fueron ni se sintieron apartados del resto de las actividades entre los presos”, expresa Cabrera.

“Que a los 20 años haya podido vivir ‘ese socialismo’ me definió para toda mi vida. Hoy, casi 50 años después, siguen germinando aquellas semillas compañeras. La Tercera Especial se sigue juntando en torno a una mesa que funge como Memorial en las puertas mismas del shopping. Nos abrazamos con una fortaleza y ternura que sólo los que estuvimos presos sentimos, conscientes que cumplimos una tarea en aquellos años pero que no es tarea cumplida, seguimos aportando y apostando a un futuro socialista porque vivimos apenas un pedacito de esa utopía y les aseguro que es hermoso”, reconoce Cabrera en el prólogo de la obra.

Fuente: https://www.pitcnt.uy