
Viko Áspera | Secretaría de Género, Equidad y Diversidad Sexual
En el mundo arrecian las expresiones de odio que disparan contra disidencias, feminismos, migrantes, sindicatos y todo lo que incomode al poder hegemónico. En este contexto, reflexionamos sobre derechos, privilegios, prejuicios, el protocolo contra el acoso sexual y laboral en el ámbito del trabajo, la licencia por cuidados y la necesidad de la participación en la lucha colectiva.
Para reconocerse en el mundo, Viko buscó respirar otros aires y tratar de entender lo que ni siquiera sabía que existía. Mientras crecía en la Buenos Aires porteña, frenética y feroz de los años 90, supo de la existencia de las bandas de rock, de las melodías de Fito, del despilfarro privatizador de la frivolidad menemista y de la energía avasallante de la militancia peronista cuando abraza causas en nombre de la Patria y del General.
Creció como pudo entre Chacarita y Barracas y no le fue fácil encontrar su lugar en el mundo. Viko es hije de Oscar y Juanita. Su padre fue un duro y drástico integrante de la Policía Federal que escuchaba a Troilo y Pugliese y su mamá fue una militante de izquierda, que durante el tiempo que estuvo casada con Oscar, se transformó en ama de casa sin estridencias ni reclamos mayores, que aprendió a sobrevivir a la hostilidad del macho a pura discreción, sin confrontar excesivamente con la autoridad patriarcal y a realizar las tareas del hogar con silenciosa pulcritud. «Mi padre representaba exactamente la expresión violenta de la policía federal, él llevaba el uniforme y los mandatos con mucha convicción». Hace un buen tiempo que Viko se distanció de su padre, «porque él va en contra de todo lo que pienso y lo que soy».
Viko nació con género asignado femenino, y su documento aún dice Victoria. Pero siempre supo que algo ahí no estaba bien. En su búsqueda y con escasa información disponible para entender otras realidades, pensó que podía ser lesbiana pero el tiempo y la debacle económica del macrismo le volvieron a resquebrajar los cimientos, los planes de vida y arrasaron con su estabilidad en distintos planos. Después de un tiempo de aprendizaje y militancia en la agrupación «Putos Peronistas», Viko se vino a Uruguay a donde estaba viviendo su mamá Juanita, ya separada del riguroso hombre de la Federal. Dejar las calles porteñas, las marchas, las consignas, las estridencias y los piquetes para venirse a Neptunia, fue una decisión curiosa, por no decir una locura. Ya en Uruguay, continuó la búsqueda de su propia identidad y comenzó a estudiar Psicología, donde tejió redes, leyó mucho, preguntó en voz alta y reflexionó en silencio, entre textos y conceptos de Michel Foucault y Paul Preciado. Así fue que con unas cuantas certezas y algunas inevitables dudas, comenzó una transición de género, comprendiendo que había algo más, una forma de reconocerse más allá de las opciones que le daba la sociedad de la época.
«No fue fácil la búsqueda identitaria, las representaciones y referentes que había eran mujeres trans y la historia de las mujeres trans no era mi historia. La adolescente lesbiana que fui tampoco siento que haya sido la persona que yo sentía. Hasta que a través de la lectura pude investigar y acercarme a lo que soy, una persona trans no binaria, y que la forma en la que me ve la sociedad no es mi problema sino que en realidad es un asunto de la sociedad pero no mío».
Para Viko, existe una construcción social sobre la mujer trans/travesti, muy estereotipada y marcada, que no tiene la misma imagen y narrativa que la que identifica a las personas trans no binarias. «Las mujeres trans fueron punta de lanza para lograr visibilidad y espacio. Abrieron caminos, se mostraron, salieron a la calle; un poco por su coraje y también porque fueron forzadas a ello, porque era salir a defender sus derechos o morir. Fueron las que lideraron los primeros movimientos de la comunidad LGBTIQ+ y de las disidencias en general. Creo que eso también generó que cuando se habla de personas trans se asocie a mujeres trans y otras identidades quedamos un poco por fuera».
Viko concurre al Servicio de Diversidad Sexual del Centro Hospitalario Pereira Rossell (CHPR) para recibir la terapia hormonal masculinizante o transición con testosterona, juega al fútbol con personas trans no binarias y con otras disidencias, trabaja en UTE, empresa a la que ingresó por concurso usufructuando el cupo destinado a personas trans, milita en el sindicato AUTE y participa de la Secretaría de Género, Equidad y Diversidad Sexual del PIT-CNT. «Al principio me daba un poco de vergüenza, porque en la Secretaría son todas mujeres, pero las compañeras me dieron una cálida bienvenida y rápidamente hicieron que me sienta parte».
Si bien su vida parece haber ingresado en territorio de certezas y en cierta medida, de «privilegios» si se compara con el resto de quienes pertenecen a las denominadas disidencias, «tuve que aprender que la vida no es fácil para nosotres. Por ejemplo, me cuesta ir a muchos lugares porque solamente hay baños para hombres y mujeres. Ese problema no lo tengo en la Facultad, ni en mi trabajo en la UTE, ni en el Teatro Solís, ni en algunos lugares, pero en la mayoría de la ciudad, sí. Y he llegado a armar mi agenda del día tomando en cuenta los baños que hay en la ciudad. Y por supuesto, trato de evitar tener que caminar de noche si no tengo a nadie que me acompañe. Porque el miedo a que te lastimen, a que te pase algo está ahí, siempre está».
Sin embargo, Viko insiste en que es una persona privilegiada. «Tengo una familia que me contiene, me apoya y acompaña, tengo una red de amigues con quienes puedo conversar; tengo trabajo y es un buen empleo, puedo ir a la Universidad, milito en mi sindicato, construyo lazos potentes en distintos ámbitos como el de la Secretaría de Género, por ejemplo y hasta juego al fútbol con gente que tiene muchas inquietudes y problemas similares a los que he tenido que vivir yo. Y vuelvo a mi familia, tengo a mi madre que me acompaña desde el amor, no me juzga, ni siquiera sé si me entiende, pero sé que me acompaña. Y eso es maravilloso».
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Los dinosaurios van a desaparecer
Viko participó de la última actividad que organizó la Secretaría de Género de la central sindical en el marco del mes de la mujer. «Fui porque las disidencias no podemos esperar a que las mujeres entiendan e interpreten nuestros problemas. Somos nosotres quienes tenemos que hacernos cargo y contar lo que necesitamos, los que nos pasa y ayudar a identificar las problemáticas compartidas y las que no lo son. La extensión de medio horario por lactancia por ejemplo, para las personas trans gestantes, que no maternamos porque nuestra figura es otra, que no damos de lactar es un tema preocupante y tal vez las mujeres CIS no lo identifiquen como parte de una lucha común, pero para nosotres también es importante que la figura cambie a «licencia por cuidados». También se está trabajando fuerte en la concreción del protocolo contra el acoso sexual y laboral en el ámbito de trabajo. Pero más allá de la agenda, en la Secretaría me recibieron de la mejor manera, me siento muy a gusto y trato de venir todas las semanas».
En cuanto a los embates violentos contra las disidencias y feminismos, Viko considera que la respuesta debe ser colectiva. «Pero me da mucho miedo. Porque no sé si los que disparan discursos de odio son conscientes de lo que generan. Porque es clarísimo que después que uno de los exponentes más visibles da un mensaje de odio, y ataca a las personas trans, a las disidencias o a la minoría que elija, inmediatamente después hay un ataque directo, una expresión de violencia y en no pocas ocasiones hasta asesinatos. Hay una consecuencia directa de los discursos de odio que impacta en nuestra vida. Posiblemente yo corra menos riesgos que otras porque ahora tengo un poco de barba, pero las mujeres trans son las primeras que quedan expuestas a la violencia. Las personas trans somos las que encabezamos una especie de lista de «todo lo otro» en el sentido de mujeres, infancias, migrantes, y tantos más. Pero las personas trans y la comunidad LGTBI+ en general, somos las primeras de la lista para los odiadores».
Así las cosas, Viko sostiene que la salida es colectiva, y que el camino de las conquistas siempre es entre todes. «Si no comprendemos que la lucha es colectiva es que no entendimos nada. Si en los sindicatos nos vamos a quedar discutiendo por cargos y lugares de poder, estamos en el horno. Y si no nos damos cuenta que este proceso es colectivo, estamos jodidas. Yo creo que el movimiento de mujeres viene a plantear estos temas, a defender la conducción colectiva, para que cuando una no pueda estar, tome la palabra la otra. Y ese es un tremendo cambio. Los feminismos acá están pensando otra forma de construir una sociedad mejor y si bien las disidencias somos poco visibles por ahora, tenemos que participar precisamente para que otres también se arrimen a participar de esta lucha colectiva».
Fuente: https://www.pitcnt.uy