
Constructor de la unidad sindical y obrero de la democracia, la figura de José Pepe D’Elía hace décadas que trasciende los espacios de la memoria sindical y se ha colocado con un faro ético en las mejores páginas de la historia del Uruguay contemporáneo.
Año tras año, cada 21 de junio –así como también cada día de construcción de la democracia- surgen palabras, recuerdos y referencias ineludibles que evocan Pepe D’Elía.
El exrector de la Universidad de la República, ingeniero Rafael Guarga, dijo que homenajear a José D’Elía “es también una forma de reconocernos y homenajearnos todos nosotros”.
El inmortal Eduardo Platero solía decir que «Pepe, nunca fue José. Sí, a veces, D’Elía» y agregaba que «Pepe era lo que se entiende por un hombre cabal, puntual, disciplinado, serio -pese a su buen humor y su optimismo vital- fraterno y sobre todo, confiable, que decía lo que pensaba y actuaba en concordancia. Con larga experiencia en la lucha sindical, no fue casualidad que siempre hubiese unanimidad a la hora de elegirlo presidente. Confiábamos en que, más allá de sus ideas -que las tenía, muy claras y firmes-, siempre buscaría favorecer el acuerdo, el equilibrio entre las distintas opiniones».
Ese fue, es y será Pepe D’Elía.
Para el actual presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira, es «impensable» escribir la historia de la democracia sin dedicarle páginas notables a la figura de José Pepe D’Elía
«Pepe fue el principal referente de una generación de dirigentes sindicales. Logró -en momentos muy complejos- interpretar la necesidad histórica que surgía del seno de la clase obrera de construir una herramienta unitaria de los trabajadores, capaz de integrar las formas más diversas de pensar y sentir a la defensa común de los intereses de los trabajadores y el pueblo. Desde entonces y hasta ahora, ya son cuatro generaciones las que reconocen el aporte imprescindible de D’Elía como padre de la unidad sindical, unidad que se reconoce en el mundo entero y es motivo de orgullo para toda la sociedad uruguaya. Sin embargo, la figura de Pepe hace mucho tiempo que ha dejado de ser patrimonio exclusivo del movimiento sindical: ha sido a la vez un impulsor permanente de la unidad entre el movimiento sindical y su pueblo, porque tejió, junto con esa generación de dirigentes notables, un vínculo muy sólido con la Universidad de la República y el mundo académico, con un movimiento estudiantil fermental y con los más destacados referentes de la cultura y el arte. A su vez, fue artífice de un fluido relacionamiento entre la central obrera y el sistema político; construyó, desde la firmeza de los posicionamientos de un movimiento sindical clasista, un diálogo permanente con todas las formas de pensar el país que conviven en la política y la sociedad uruguaya. D’Elía fue, desde su condición pública de frenteamplista, una persona respetada por todos los actores de la política nacional, porque logró marcar a fuego en la sociedad uruguaya la idea de que con el movimiento sindical las negociaciones son frontales y fuertes, pero los acuerdos se respetan en cualquier circunstancia.
Por estas y muchas cualidades más, D’Elía fue reconocido a lo largo de su vida como una personalidad destacada en la historia de nuestro país. De los múltiples homenajes que se le quisieron hacer quizá el más simbólico fue el que le hizo la Universidad de la República el 18 de febrero del 2005 al otorgarle el título de doctor honoris causa por su aporte a la construcción de una sociedad con más justicia social, más democracia y más libertad, que para nosotros, significó reconocerlo como el doctor de la clase obrera».
Por último, Pereira en clave de reflexión, sostuvo que el principal compromiso con Pepe «es seguir construyendo todos los días, con trabajo y alegría, la organización de una central que sigue siendo esa misma clase obrera a la que D’Elía ayudó a unir y a soñar con que otra sociedad era posible en el camino de la unidad, la solidaridad y la lucha».