Ps. Walter Alexandre: «Nadie puede beneficiarse del odio»

El licenciado en psicología, Walter Alexandre, aseguró que se está perdiendo el concepto de «disenso civilizado» y que si bien los sectores conservadores “creen” beneficiarse del discurso del odio, en realidad, eso es un error. «Nadie puede beneficiarse del odio. Quienes lo promueven se equivocan. Más allá de una aparente ‘ganancia’ circunstancial, a la larga puede convertírseles en todo lo contrario». Asimismo, dijo que paradójicamente, el estereotipo actual de la «apariencia delictiva» no incluye «a los que han sido los más grandes delincuentes y asesinos de nuestra historia actual, aquellos que no usaban gorros Nike, ni caravanas, pero si trajes o uniformes militares», que cometieron violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.

Alexandre es psicólogo clínico con formación psicoanalítica, asesor y consultor de organismos internacionales y publicó en Uruguay su primer libro en el que se recopilan algunos de sus artículos de prensa y ensayos ya editados en prensa nacional.  

Consultado por el Portal del PIT-CNT sobre la incidencia de las derechas y de figuras mesiánicas como Trump o Bolsonaro, Alexandre dijo que ellos y otros más cercanos a nuestra escena política nacional «son ejemplos del surgimiento de una radicalización de la llamada derecha política. Utilizan las redes sociales para la difusión de un discurso de odio dirigido principalmente a las organizaciones sociales que representan a los sectores más excluidos de la sociedad. En la base de esto se encuentran razones de índole económica que buscan consensos para  justificar el retiro del Estado de toda ayuda social o solidaridad con quienes lo necesitan. Para eso utilizan muchas veces argumentos falsos o manipulan hechos aislados que se pretenden  presentar como generales. Para estos sectores, los movimientos sociales resultan una amenaza que hay que neutralizar, debilitar  y desacreditar», indicó.

En relación al discurso del odio, remarcó que «el odio junto con el amor son de los sentimientos más primarios que nos atraviesan como seres humanos, por lo que puede tornarse peligroso cuando no lo logramos integrar correctamente. Es una emoción negativa que mal encausada lleva a la intolerancia y a la violencia, por lo que no conduce a nada bueno».

En el mismo marco, el experto se refirió a las declaraciones de algunos legisladores sobre la «apariencia delictiva» y cuáles son las consecuencias de «normalizar» la discriminación según el aspecto físico. «El concepto de ‘apariencia delictiva’ además de peligroso y engañoso, constituye un estereotipo que solo se sostiene desde el prejuicio y la negación. Establece falsas asociaciones que apuntan a descalificar y discriminar todo aquello que representa una amenaza para  el orden social actual. Constituye a mi entender otra expresión del discurso del odio, en tanto generaliza determinadas conductas que no representan la realidad. Por ejemplo joven-drogadicto, pobre-delincuente. Especialmente esta última: asociar la pobreza a la delincuencia es una forma perversa hasta de justificar su exclusión. Lamentablemente hemos visto varios ejemplos  de las consecuencias de esta lógica, desde prender fuego a un hombre en situación de calle o recientemente la golpiza que recibió el joven de 18 años en Pinares de Maldonado por su ‘apariencia delictiva’ a manos de ‘gente de bien’. Este triste episodio ejemplifica -como pocos- la perversidad del prejuicio. Seguramente los autores del atropello no hubieran tenido la misma actitud -por ejemplo- si se hubieran cruzado con Pablo Goncalvez en su momento o ahora con Juan Peirano, quien tiene orden de extradición por la Justicia paraguaya. Paradójicamente, el estereotipo actual de ‘apariencia delictiva’ no incluye a los que han sido los más grandes delincuentes y asesinos de nuestra historia actual. Aquellos que no usaban gorros Nike, ni caravanas pero si trajes o uniformes militares», que cometieron violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.   

Aporofobia

Consultado sobre la incidencia de la aporofobia en nuestro país, el psicoanalista dijo que el neologismo de la aporofobia significa ‘el miedo a los pobres’. «Surge en España para referirse al hecho de que lo que en apariencia se presenta como racismo o xenofobia , pero en realidad lo que está en la base del rechazo no es su condición de extranjeros o inmigrantes, sino el que sean pobres. Nuestro país no escapa a la presencia de este fenómeno, por más que quiero creer que todavía mantenemos ciertos valores y fortalezas sociales que disminuyen la dimensión que esto tiene en otras sociedades, sobretodo en las desarrolladas. De todos modos episodios como el que hablábamos anteriormente son un síntoma preocupante. Desde  esa ideología, los pobres son percibidos como una amenaza. Culpabilizarlos obstaculiza la solidaridad, anula la empatía y permite que se les ignore o hasta se les persiga, justo e en un momento en que la de la desigualdad social se ensancha».

Así las cosas, hay voces que ya se han alertado sobre el riesgo de ingresar en una lógica futura de revancha de los despreciados y perseguidos de hoy. Para Alexandre, «donde hay odio, hay discriminación, intolerancia, violencia, hostilidad, acoso, exclusión social, se generan condiciones para alimentar el resentimiento. Tal vez no se esté siendo del todo consciente de la importancia de intervenir para terminar con ese discurso que lo alimenta. Al no hacerlo, corremos el riesgo de estar dejando un legado fértil al desarrollo de espirales de violencia que, como decía anteriormente, se nutre del odio por el que piensa distinto, quien se transforma en algo persecutorio, al que como tal, hay que destruir por temor a que nos dañe. De ahí la importancia de la necesidad de ‘desactivar’ esa lógica de grieta social. De trabajar para ‘cerrarla’, en despolarizar la vida política».

Injusticia social o moral

Alexandre dijo al Portal que «una lógica social que vincula la delincuencia con la pobreza y que plantea el concepto de la división entre ‘gente de bien’ y la de ‘apariencia delictiva’, que termina agrediendo y justificando la exclusión de las propias víctimas, es una injusticia moral. Una sociedad que busca anular la ayuda social a quienes la necesitan por generalizar alguna conducta aislada -el ejemplo claro es la referencia a que la canasta de alimentación es supuestamente cambiada por drogas o alcohol- no solo es injusticia social sino también moral, en tanto desconoce la generalidad de la realidad que critica. Si esta lógica se instala y se acepta, se asimila casi a la de la impunidad que constituye el mejor ejemplo de injusticia moral».

Por último, consultado sobre cómo se combate el odio y cuál es el aporte que puede realizar la psicología para pensar otra forma de convivencia, aceptando las diferencias y enriqueciéndonos como sociedad con otras miradas distintas a las nuestras, Alexandre explicó que «desde una perspectiva ‘romántica’ uno piensa en responder: el amor, algo que puede parecer ingenuo o iluso. Pero capaz que no tanto si explicamos que entendemos por él. Tal vez parte de ese antídoto pase por empezar a integrar el amor por el otro, darnos cuenta que el amor y el odio son dos caras de una moneda. Mientras tanto, es fundamental reconocer  esos discursos de odio que vienen de la mano de propuestas políticas conservadoras que encuentran las causa de todos los males en quienes son más vulnerables socialmente. Términos como ‘pichis’, ‘planchas’, ‘grasas’, entre otros, se están convirtiendo en parte del lenguaje cotidiano. La exclusión no genera seguridad,  por el contrario alimenta la violencia. Los problemas sociales no se resuelven exclusivamente desde el derecho penal, esa es otra de las ilusiones que alimenta el discurso del odio y es un grave error. Ningún problema social complejo puede mejorarse sin la participación de todas las disciplinas del conocimiento que involucran al mismo. La psicología y los psicólogos tenemos mucho que decir y aportar para el  cambio del discurso del odio por el de un discurso analítico, comprensivo, un discurso de tolerancia e inclusión. En definitiva de un discurso verdaderamente humano», sentenció.

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