
Con los años de militancia a cuesta, cargado de historias, recuerdos, luchas y ausencias, uno de los fundadores de la CNT, Óscar Risso, llega cada mañana a la casa de las y los trabajadores, tempranito, a seguir construyendo la unidad sindical. Y lo hace con pequeños gestos, ínfimos abrazos cotidianos.
Las palabras de Óscar Risso siempre tienen un toque mágico que traen al presente viejas historias poco conocidas, repletas de heroísmo y épica militante, de años duros, donde la vida se jugaba la ropa en cada fábrica, en cada salón de estudios, en las obras entre andamios y toneladas de esperanza.
Risso suele decir que la bandera de la CNT “es un trapo que simboliza toda esa historia vivida, carga con la herencia de los muertos, de los compañeros torturados, de los que ya no están, de los que desaparecieron, la bandera es un pedazo de tela que representa nuestra vida, nuestro legado”.
La bandera –símbolo de lucha de la CNT- no se regala, se entrega en custodia. Y según dice la tradición, cuando no se encuentra la persona a quien entregársela, hay que quemarla. No la puede tomar cualquier persona. Solo la reciben aquellas trabajadoras y trabajadores a quienes por motivos fundamentados, se les entrega en custodia.
Esta mañana, el fundador de la CNT, Óscar Risso, le hizo entrega de la bandera histórica de la Convención Nacional de Trabajadores a su amigo, el presidente de SUTEL e integrante del Secretariado Ejecutivo, Gabriel Molina.
Ellos se conocieron décadas atrás, cuando Molina era un muchacho que trabajaba en las cuadrillas de ANTEL en la Ciudad Vieja y Risso se desempeñaba en la Planta de Energía Interior de Punta Carretas. “Óscar me cuidó y me enseñó mucho. Porque el sindicalismo es una elección de vida. Y cuando uno toma la decisión de entregarse a la militancia sindical ya sabe que estará renunciando a muchas otras cosas, fundamentalmente materiales, y posterga tiempo de la familia. Pero uno lo hace por un interés colectivo y por las convicciones. Y en la militancia suele encontrar algún vínculo que termina siendo tan fuerte como el de una familia. Por eso, haber recibido la bandera de la CNT de manos de Óscar Risso, para mí es semejante orgullo y representa tremendo honor. Que se quede tranquilo que no le voy a fallar”, dijo Molina visiblemente emocionado.
Las y los dirigentes suelen destacar el valor que representa poder contar con los pioneros cerca, tenerlos allí, poder consultarles. Y por eso suelen buscar algún pretexto para acercarse y compartir un mate, una charla, una historia.
“Creo que si la central sindical es reconocida en el mundo entero por su unidad y por sus valores democráticos, en buena medida se lo debemos a esta generación de grandes hombres y mujeres que les tocó vivir antes que nosotros, en tiempos bastante más complejo, pero que fueron los responsables de sostener la unidad”, explicó Molina. Desde su visión, uno de los mayores aportes de la generación de fundadores de la CNT en la actualidad, es la capacidad de autocrítica.
“Para mí, Óscar Risso es como un padre, es uno de los que no pasaron en vano por la militancia. Me hablaba duro, si me veía distraído me hablaba con palabras fuertes, muy duro y me bajaba a la realidad”. asegura Molina.
Óscar relativiza algunas cosas pero casi siempre termina hablando con mucha emoción de la construcción sindical y de militancia desarrollada durante décadas. “Yo vi crecer al Chifle desde que era un flaquito, un loco terrible, que tenía una barra pesada de Belvedere con los que salían de pegatina y salían a llenar los muros de afiches. Eran de la época en la que el movimiento sindical comunicaba sus actos y sus luchas a través de la propaganda en los muros de los barrios. Y esta barra marcaba el territorio. Y el Chifle sabía mucho de eso, tenía un gran olfato porque sabía cómo hablarle a la gente en los barrios. Tenía lo que en otra época se llamaba «boliche», mucha carpeta y boliche. Después hizo todo un proceso brillante de militancia, crecimiento, aprendizaje y terminó siendo presidente de SUTEL y un dirigente de peso de la central. Pero que comenzó trabajando en las zanjas. Entre el barro. Haciendo pozos y levantando postes”. Risso recuerda que conoció a Molina adentro de una zanja, debajo de una carpa. De allí abajo, entre la tierra salía olor a gas. Y él pasaba por allí y se sorprendió por ese olor tan fuerte. Sin embargo, casi de manera irreflexiva y espontánea, prendió un encendedor para ver qué pasaba ahí abajo, de donde veía el olor a gas. Inmediatamente sintió un grito que le reclamó apagar el encendedor. “¡Vamos a volar todos al demonio!” le dijo Molina desde abajo. Así se conocieron. La vida y la militancia sindical construyeron la amistad.
Hoy Óscar Risso, en nombre de los Fundadores, le entregó la bandera de la CNT a Gabriel Molina.
Charlaron. Rieron. Se emocionaron. Lloraron juntos.
Molina juró cuidar esa bandera y solo entregarla a quien en algún momento entienda que la merece. O quemarla como señala el mandato histórico para conservar el legado de tantos años de lucha y militancia.