
Es uno de los periodistas que sabe jugar el juego de la entrevista corta y efectiva en busca de una respuesta que se salga de los discursos preparados. Disfruta el vértigo del riesgo de presionar y preguntar cara a cara en un medio tradicionalmente somnoliento y previsible. Pregunta, repregunta, provoca, genera incomodidad y no falta quien lo considera un operador. Sabe que muchos lo consideran «un facho» pero se jacta de haber incomodado al presidente Lacalle Pou cuando le preguntó por su altanería. Aprendió el oficio recorriendo departamentos de prensa de distintas radios, trabajó con periodistas de viejas redacciones y completó su formación en cientos de notas periodísticas en medios de Uruguay y Argentina. Allí, en Buenos Aires aprendió a pelear el espacio del cronista movilero en la calle, entre cientos de micrófonos y cámaras despiadadas, en un medio infinitamente más duro que el de Uruguay. Cubrió decenas de salidas matinales del vocero presidencial de Carlos Menen, el ministro del Interior, Carlos Corach, «fueron años de mucho aprendizaje y vértigo, allá arrasan para conseguir la nota y te tenés que ganar tu lugar». Viviendo en Argentina, le tocó ser testigo de una época compleja, con el asesinato del fotógrafo Carlos Cabezas, el suicidio de Yabrán, la segunda detención del dictador Jorge Rafael Videla y distintos acontecimientos que alimentaron la vorágine informativa y la formación del oficio de periodista. En Uruguay viajó acompañando a presidentes en sus comitivas, trabajó durante la represión del Hospital Filtro y construyó un buen diálogo con José Mujica y Tabaré Vázquez. En diálogo con el Portal del PIT-CNT, habló de una nota a Pepe Mujica que en su cuenta de Twitter «Leo Sarro Press» tuvo más de 1 millón de reproducciones y fue difundida hasta por la CNN; dijo que sabe perfectamente que «muchos piensan que soy facho», que lo suyo es «jugar un juego» y ser «provocador». Aseguró que el Chifle Molina «es de los que entienden el juego» y que «Molina cuando la embarra y putea a alguien, en seguida pide disculpas y lo hace con total sinceridad». Habló del valor de los sindicatos para lograr conquistas y de su pasión por la historia.
¿Cuándo y cómo comenzaste en el periodismo?
Comencé en radio como operador en 1986 y a fines de 1988 me salió el programa Radio Pirata, en el que sacaba llamadas al aire. A partir de ese momento me fui reconvirtiendo. Luego pase en 1991 a El Espectador, trabajé con los Rupenian en coberturas de Punta del Este, y en Radio Horizonte, Radio Mundo y Radio 10 de Argentina. Fueron años duros, en Argentina te tenés que hacer el espacio y aprendés el oficio en la calle. Cada día, cada nota. Es donde nadie te regala nada. Me tocó vivir un tiempo de mucha información y donde todo era noticia. La segunda detención de Videla, la época de Yabrán, el crimen de Cabezas. En ese momento los medios contaban con buenos presupuestos y estaban muy fuertes. Todas las mañanas iba a la casa de Carlos Corach, ex ministro del Interior de Carlos Menem y éramos unos 300 periodistas, por lo que era una lucha poder acercarse y poder preguntarle algo. Además, no existe la costumbre de hacer un lugar para las cámaras de la televisión. Fue una experiencia de mucho trabajo y ya se comenzaban a vivir los problemas que vinieron después. En un momento los tiempos no me daban, tenía que trabajar los fines de semana y tenía Canal 12, por lo que volví a Uruguay.
¿Cuándo sentís que te consolidas en el oficio?
Me costó porque me conocían mucho por los programas de Punta del Este, porque el canal 12 te da mucha visión, pero eso se convirtió en una complicación porque creó una imagen de mi trabajo que me costó superar. Cierta imagen ligada a la frivolidad. Luego, cuando cierra Concierto, la periodista Sonia Brescia me llamó y fui a trabajar a Canal 5, por lo que ahí retomé el periodismo. Estuve todo 2007 y en 2008 me fui a Radio Montecarlo y volví al trabajo de calle. Antes, estando en El Espectador cubrí todo lo relacionado al Filtro y mucha información política. Creo que después fue más visible mi trabajo, acompañé a Tabaré (Vázquez) a Brasil en 2004, y seguí hasta ahora. Pero claramente las redes sociales fueron el espacio que creo supe aprovechar para crecer y que mi trabajo tuviera otra repercusión. Lo fui estudiando, no fue solamente intuitivo, y me interesó el fenómeno de Twitter. Me compré un iPhone y comencé a subir videos cortos. Por ahora no vivo para nada de eso, pero me ha dado visión y comprobé que se levantan muchas de las notas que a veces quedarían en el olvido. Lo que busco es provocar y me agarré la fama de facho, pero es toda una técnica para provocar. Lo bueno es que me miran de todos lados. Si bien muchos dicen que los temas que difundo defienden las políticas liberales.
¿Cómo te llevas con Mujica?
Bárbaro, me ha dicho de todo. Incluso le hice una nota arriba del fusca con Manuela ahí.
¿Se han enojado contigo Lacalle o Gandini? ¿Alguno de derecha?
Sí, de verdad que sí. Casi todos de un lado y del otro. No es para recordar acá, pero todos se han enojado. La forma que tengo de preguntar, media atropellada, ha generado fricciones. Y te pasan la factura. Pero ahora que decís, justo Gandini no (risas) el resto, todos.
Si sos «liberal de derecha» difícil que se enojen contigo Graciela Bianchi o Lacalle.
A Lacalle Pou un día lo hice enojar cuando le pregunté qué le diría a la gente que dice que es un altanero. No le gustó, se enojó.
No debe ser fácil que te pongan el celular a 5 centímetros de la cara y te pregunten algo provocador…
Es por el tema del audio, para que estén cerca del micrófono. Pero al final quedó como que era mi estilo. Hoy ven una cámara tan cerca y saben que es el estilo Leo Sarro Press.
¿La gente te envía videos?
Me paso buscando cosas en las redes. No es solamente lo que produzco yo, a veces levanto cosas que veo de otros y cito la fuente. El tema no está en lo que levantas, el tema está en lo que seleccionas y cómo lo utilizas. A veces el mismo video se encara de otra forma y pasa desapercibido. Lo que hago es un estilo, es una cosa más que suma. Yo fui el que le hizo la nota a Mujica y le pregunté que opinaba de las tanquetas atropellando gente en Venezuela y contestó “che, no se pongan delante de las tanquetas”. Fue un relajo, incluso salió en CNN. Esa nota solamente en mi cuenta de Twitter tuvo más de 1 millón de reproducciones.
¿Eso no te generó dinero?
Nada, Twitter no paga nada. Pero me sirvió como experimento para saber la repercusión que se tiene en las redes sociales. Los que trabajamos en esto nos gusta que se reconozca lo que hacemos y que nos hagan notas. Es algo intangible, pero que se disfruta porque es parte de nuestro oficio.
¿Cómo te llevas con Gabriel Molina?
El Chifle Molina entiende este juego, y entendió bien mi juego, que parece fuera un provocador, pero sabe que a todo el mundo le doy un espacio. El tema es provocar en las redes, en el buen sentido de la palabra. Provocar para que se discutan sobre determinados temas y ponerlos en la agenda. El que se calienta pierde. Además, queda abierta la posibilidad de que la gente pueda opinar. Lo que tienen las redes es que son democráticas y todos pueden opinar. En la medida que son respetuosos los comentarios no incido, si bien son muchos los comentarios y no puedo controlarlos a todos, si veo un comentario ofensivo lo borro.
¿Qué lectura hacés del caso Astesiano, el jefe de custodia del presidente Lacalle Pou y la banda criminal que operaba en Torre Ejecutiva?
Increíble. Todos están sorprendidos por esto y creo que esta es la punta de la madeja, por lo que va a dar para mucho más. Estoy convencido que esto va a dar para más, que no terminó acá.
Tenés terreno fértil para provocar a Lacalle con ese tema
Sí, pero sabés que creo que como el tema es tan evidente, todo el mundo tiene terreno fértil. Es un tema fuerte y pretender tapar esto es como tapar el sol con las manos. Todo el periodismo está trabajando libremente. Tanto de un lado como del otro en un gobierno, cuando hay temas complicados, se puede controlar un poco y tratan de frenar. Pero esto es imposible. Lo que me dice mi intuición es que si se escucha a (Yamandú) Orsi -que luego moderó su discurso- es que a veces se confía en personas que luego terminan traicionando. Considero que el Presidente pudo haber llamado a mucha gente, como a Fernando Pereira, a jurarle que no sabía nada de esto. Pero habrá que esperar para ver cómo avanza esta historia y si se circunscribe solamente a este individuo y algunos funcionarios más del Estado.
¿Ves a los sindicatos como el demonio? Porque así los definen muchos de tus seguidores en las redes sociales
No, para nada. Si vamos a la historia universal, gracias a los reclamos las sociedades han podido avanzar. Hay muchos que critican a los sindicatos y cuando estos consiguen logros o reivindicaciones saben que los están beneficiando también a ellos. Pero el hábito no hace al monje. A cuántos vimos en la época de Mujica que se subieron al carro y andaban con calcomanías en los termos reivindicando ciertas posiciones ideológicas, pero sus actitudes en la vida cotidiana, no condecían. Hay que medir a la gente por sus actitudes y no por sus calcomanías. También los sindicatos han cometido macanas, como sucede en todos lados, pero en general, la cultura sindical es muy seria. En Argentina es distinto, tienen una imagen muy negativa, pero incluso allí también hay sindicatos que son muy bien.
En Argentina se ven algunos sindicalistas millonarios y acá eso es impensable.
Claro. El caso más notorio es el que hablábamos hoy. Los videos han demostrado el estilo a veces tan polémico del Chifle Molina, pero es una persona muy respetuosa con todo el mundo, es tolerante con todos, más allá que se haya ido de boca en algún caso. Tengo un muy buen concepto del Chifle Molina, lo considero muy buena persona, muy honesta y trabajador. Todo lo que reivindica lo hace porque está convencido de eso, estemos de acuerdo o no con él.